VILLA   MERCEDES

ESCUDO

LOGO MUNICIPAL

HERÁLDICA

Forma:  elipse cortado filiera terciada en faja de azur celeste y plata.

Trae en  el primer cuartel sobre tapiz de azur celeste un sol pleno de plata en jefe.

Trae en el segundo cuartel sobre tapiz de sinople a la diestra cuatro árboles foliados de sinople y tronco de su color invadiendo el cuartel superior al pié de un río caudal de azur. A la siniestra una muralla almenada de piedras de sable masonadas de su color con una bandera ondeante terciada en faja de azur y plata  en la primer almena asta de sable. Al pié de la muralla un bovino pasante de plata y sable orientado a la diestra.

 

SIMBOLOGÍA

La muralla simboliza a un fuerte que nunca existió pero que le dió nombre  al principio a la ciudad "Fuerte Constitucional" que lleva la bandera argentina en lo alto. La arboleda y el campo verde la vegetación del valle al borde del Río Quinto y la vaca su riqueza pecuaria.

Tanto los colores del borde como la bandera del fuerte refuerzan su pertenencia a la nación 

 

 

 

 LOGO MUNICIPAL

De forma oval filiera de sable presenta los mismos elementos que el escudo pero en espejo: la muralla o fuerte está a la izquierda, el vacuno está orientado a la derecha sobre campo de color verde oliva. Lleva un lema en orla superior de calidad de letras capitales ariales de sable y otro inferior toponímico de lo mismo. 

 

 

 

Creado en el 2006 para conmemorar sus 150 años de vida lleva el nombre de la ciudad en color castaño, 150 años en negro sobre una guitarra estilizada en verde que  representa el ferrocarril y el mapa ciudadano.

HISTORIA del ESCUDO  
BANDERA  
Más Información  
HISTORIA 

Fundada en 1856, es la segunda ciudad en importancia de la provincia.
Emplazada en el margen izquierdo del Río Quinto, nació como un asentamiento destinado a defender los pueblos de la invasión indígena. En 1875, con la llegada del ferrocarril, comienza su definitivo trazado y despegue social y económico.
En la actualidad presenta una imagen urbana moderna con un trazado de calles anchas y arboledas frondosas donde se fusionan los diferentes estilos arquitectónicos como los espléndidos edificios de fin de siglo: la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes de estilo neoclásico toscano, el Edificio del Palacio Municipal, de influencia renacentista y sus gigantescas “escuelas-palacio”.
Su atractivo turístico de mayor relevancia es la tradicional Fiesta Nacional que evoca uno de los lugares históricos por excelencia: La Calle Angosta , “la de una vereda sola”, fiel testigo de la historia de un pueblo que año tras año es visitada por los exponentes más importantes de la música folclórica. Esta ciudad, pujante y dinámica, es la puerta a las llanuras del sur sanluiseño, territorio de lagunas, chacras, estancias, donde la pesca y todo tipo de actividades recreativas rurales son desarrolladas

Somos hijos de una ciudad que está llegando a su Sesquicentenario, y pensamos que quienes la fundaron respaldados por una ansiada Constitución, ya avisoraban un país que “caminaba en medio del perfecto desarrollo físico y moral”.

El Gobernador Justo Daract, su fundador tenía como propósito crear y sostener instituciones, basadas en la Ley Fundamental que posibilitaran la existencia de una ciudad con futuro seguro.

Juan Esteban Pedernera, su cofundador expresaba “Ha desaparecido el poder de las bayonetas, la fuerza moral nos rige…”

La historia de la conquista y colonización española se retrotrae en la región al siglo XVI, en que la zona de Cuyo es sojuzgada desde la Capitanía de Chile.

Ellos fueron levantando pequeñas ciudades, modestas pero con las instituciones mínimas que exigía la legislación Indiana, para conformar un espacio donde se asentaban los blancos en representación de la corona española: primero Mendoza y San Juan y en 1594 la ciudad de San Luis

Históricamente la región de Cuyo está integrada por estas tres ciudades cabecera, alrededor de las cuales fueron surgiendo pequeños caseríos. Nos referimos a hechos acaecidos durante los siglos XVII, XVIII y primeras décadas del XIX.

Recordemos que San Luis fue fundado en la ancha franja fronteriza que separaba las poblaciones blancas de las indias, por lo tanto era tierra de malones, cautivos, tolderías tierra adentro y pobres fortines aislados en el desierto.

Las relaciones entre ellos fueron buenas (a veces por motivos comerciales), o malas, de acuerdo a las épocas y circunstancias, pero los indios siempre, desde los inicios de la conquista hasta fines del siglo XIX estuvieron presentes en la historia de San Luis.

Si hacemos un seguimiento cronológico del acontecer de esta región podemos decir que hacia la mitad del siglo XIX se inicia una nueva época. La cual puede ser llamada con justa razón: la etapa constitucional.

A partir de la jura de la Constitución Nacional en 1853, comienzan aunque con algunas dificultades (debido a la problemática federal), a sucederse los gobiernos constitucionales nacionales.

Entre las primeras medidas tomadas se trata de hacer lo mismo con los gobiernos provinciales.

Por esa época se decide fundar hacia el 1 de diciembre de 1856 un nuevo pueblo de tinte cívico militar a unos 90 kilómetros hacia el este de la ciudad capital de San Luis.

Se le dio el nombre de Fuerte Constitucional , hecho que llevó a muchos historiadores de épocas ya superadas a considerar que esto se hizo en base a un supuesto Fuerte que habría existido antaño en este lugar, que era llamado Las Pulgas. Hoy está completamente descartada la existencia de este fortín, ya que no hay ningún documento, cartografía o testimonio que lo avale.

La nueva ciudad se asentó sobre la margen izquierda del río Quinto (el antiguo río Popopis aborigen) y uno de los objetivos de su presencia fue fortalecer la frontera contra los indios ranqueles.

Fueron sus primeros habitantes españoles y criollos bien mestizados que provenían de San Luis, El Morro, San Lorenzo del Chañar y estancias de los alrededores.

Su demarcación se hizo con reminiscencias de las viejas fundaciones indianas, con una Plaza (hoy Lafinur) alrededor de la cual de instalaron precariamente las instituciones fundamentales, las autoridades comunales, y la Iglesia.

A los pocos años (1861) se le cambió el nombre por el de Villa de Mercedes, en homenaje a la Virgen de las Mercedes que había sido elegida por el pueblo como su Patrona.

Por entonces la población ya contaba con la “Escuela de varones”, logro que le debemos a las gestiones realizadas por el General Juan Esteban Pedernera, que conciente de la importancia de proveer de educación a una población que nacía con buena estrella y miras de superación, consiguió los fondos para su creación del Gobierno por entonces de la Confederación Argentina. Relatan los primeros cronistas que su construcción acorde a las demás era muy rústica, lo cual es comprensible si pensamos que este lugar tenía apenas tres años de vida (1859). Su primer maestro fue don Laureano González, hombre poco recordado por los habitantes de este lugar.

La escuela estuvo ubicada frente a la plaza fundacional y se constituyó en la base de la Escuela N º 30 General Pedernera, escuela de varones, que conservó esta característica hasta las últimas décadas del siglo XX.

Fue una ciudad que tuvo un crecimiento muy dinamizado a partir de la década de 1870. Durante esos años se duplica la población que en 1869 era de 1569 habitantes.

Cuando llega la primera línea del Ferrocarril en 1875 (el Central Oeste Argentino), se construyó una estación de trenes a unos cuatro kilómetros hacia el norte de la ciudad. Se intentaba en un acto de federalismo unir por ferrocarril las ciudades de Rosario y Córdoba. De este logrado proyecto se decidió sacar un ramal que pasando por Villa María y Río Cuarto llegara a Cuyo para absorber toda la producción de esta región. Así fue como Villa Mercedes se convirtió por unos años en punta de rieles.

Con él llegaron los inmigrantes, que con sus tradiciones y costumbres fueron produciendo un giro en la identidad que comenzaba a dibujarse en la población fundadora, enriqueciéndola y proveyéndola de un inusitado colorido.

Luego fueron llegando otras vías férreas, como el Ferrocarril Andino, que unía Buenos Aires aspirando llegar hasta Mendoza. La ciudad portuaria no permitiría que el centro y el oeste del país se escaparan de su hegemonía socioeconómica.

Los inmigrantes que comenzaron a poblar nuestra ciudad fueron creando sus propias instituciones de acuerdo a cada colectividad y con el tiempo, los hombres y mujeres de diversos orígenes se casaron confundiendo sangre y retazos nostálgicos de lejanos paisajes con la nueva tierra adoptada y por siempre amada. Españoles e italianos, franceses, judíos y árabes. De ellos, los que en mayoría se quedaron para sembrando su progenie, fueron las dos primeras colectividades.

La presencia ferroviaria dibujó el perfil de la ciudad que tendríamos: una ciudad larga con un extremo histórico (el centro) y otro puramente comercial (la estación). En un principio, realmente dos pueblos distintos.

En este último y por tal razón fue surgiendo otro asentamiento, que tuvo primero sus negocios, fondas y depósitos y luego se levantaron las viviendas de las familias de estos trabajadores.

Esa gente fue generando la respuesta a sus propias necesidades. En el aspecto religioso fue el matrimonio Olivera, el que trajo una imagen de San Roque a su casa, que comenzaron a venerar los vecinos.

Allá por 1890 se rezaba una novena en su honor.

De todos ellos surgió la idea de levantar una capilla al santo, la cual comienza a construirse en 1907 y encontramos abierta ya en el 13. Hacia la década del 30 se construye el templo que se inaugura en 1934.

Corría el mes de julio de 1875 cuando se conforma la Corporación Municipal , que tenía autoridad sobre la Villa de Mercedes y San José del Morro, como Tercer Departamento de la Provincia.

Se determina que el área céntrica que contenía 20 cuadras cuadradas estaba limitada por las calles Las Heras al este, Gral. Paz al oeste, Catamarca (hoy Miguel B. Pastor) al sur y Buenos Aires al norte.

Ya en esa época se advierte un corrimiento del eje central desde la Plaza fundadora “6 de diciembre” o “Plaza del 4” a la actual Plaza Pedernera, con cierta razón denominada “Plaza del Progreso”, superándola en lo edilicio y comercial de su entorno.

La primera calle que se abrió al tránsito entre los dos extremos poblados fue llamada calle 3 de Febrero (actual Pedernera).

También la Iglesia abandonó el solar de la calle Potosí, entre Belgrano y Balcarce, para levantar el nuevo templo en un lugar que se dio en destacar como “más aparente”, donde se encuentra actualmente sobre calle Pedernera, Frente a la Plaza homónima.

El Presidente Nicolás Avellaneda, con su ministro Julio Argentino Roca concretan la conquista del Desierto que exterminó las etnias indias de toda la pampa, silenciando la voz aborigen, sesgando la vida de miles de personas que en realidad lo único que deseaban, en el fondo de sus interminables luchas de varias centurias era seguir viviendo en sus tierras, sin guerras ni miserias, reclamando el derecho de todos los seres humanos: vivir en libertad y con dignidad y respeto a su cultura.

Pero el proyecto de transformar a la Argentina en una potencia agroexportadora, basada en la explotación de las tierras que lograran quitar a los indios, llenándolas de trigo y ganado, extendiendo por ellas largas y plateadas líneas férreas prevaleció.

Aquellos que se salvaron de las grandes matanzas merodearon llenos de pavor y resignada desesperación por sus muertos, por las antiguas tierras fronterizas y sigilosamente se fueron mimetizando en los pueblos, asentándose en los barrios más alejados de Villa Mercedes, (entre otros), sembrando sus semillas en casamientos, que luego de generaciones, disimularon y silenciaron el mestizaje producido

 

 

Más Información

 

Página web

http://www.villamercedes.gov.ar/

LA CALLE ANGOSTA

Por detrás de las vías del tren, justamente a la altura del edificio de la actual estación, se fue configurando un angosto pasaje, por donde pasaban los carros y carretas que traían la producción del norte de la provincia para ser embarcado en los trenes que la llevarían fundamentalmente hacia Buenos Aires. Estos venían por la calle de los Álamos, pasaban por ese sendero para salir a la calle ancha, como se conocía a la calle Tres de Febrero (hoy calle Pedernera).

Esta calle (tras las vías) se hizo más angosta cuando el ferrocarril tendió un alambrado que le quitó varios metros de ancho. El Intendente Olloqui intentó acordar con las autoridades del ferrocarril la cesión de seis metros para hacer posible la circulación de las grandes carretas, pero sólo se logró el ensanchamiento en dos metros.

Su extensión la fijó la habilitación de dos pasos a nivel, el de la calle Belgrano y el de los Álamos, y quedó finalmente conformada hacia 1922 cuando se levantó el Molino Fénix.

A la vera de esta calle, en el frente norte se fueron construyendo casas de arquitectura modesta, de líneas muy simples, algunas con jardines al frente. Ellas pertenecían en su mayoría a empleados ferroviarios, que buscaban la cercanía a su lugar de trabajo. Eso le dio la identificación de ser la calle de una sola vereda.

Según los testimonios esta calle tuvo diferentes nombres, lo cierto que pese a esas denominaciones la identificación que prevaleció fue la de “Calle Angosta” .

Calle de boliches, cuya característica era la existencia de almacenes de ramos generales donde durante el día iban a hacer sus compras las mujeres del barrio, se convertía a partir del atardecer en una parada para conversar cosas de hombres, cuando los ferroviarios terminaban sus tareas en la estación.

Esas reuniones por lo general no se hacían frente al mostrador, las señoras desaparecían después de las seis de la tarde, pues ya sabían que entonces el espacio era para sus hombres. Esos negocios tenían a veces un cuartito interior, donde había algunas pocas mesas donde ellos tomaban un vino y tocaban la guitarra . Allí nació una hermosa costumbre, la de cantar música cuyana, convirtiéndose esos lugares en un verdadero refugio de tonadas y cuecas cuyanas.

Entre estos boliches estuvo el de don Cándido Miranda, parte del cual es atesorado por los descendientes de Don Cándido, el de don Manuel, que tenía también cancha de bochas, el de don José Orozco y el del “Turco” Abrahán. Cruzando las vías, por la calle ancha, como se llamaba a la calle París (actual calle Aviador Origone) y calle San Martín había otro boliche muy concurrido, era el de don Calixto María padre del prestigioso músico Félix Máximo María.

Más de cien años han transcurrido desde entonces, pero esta es una tradición valiosamente guardada en la memoria de los villamercedinos, a lo que se debe sumar que esta calle y sus especiales características lograron trascendencia, hasta en el exterior cuando José Adimanto Zabala escribió la cueca “Calle Angosta” que cantaba con Alfredo Alfonso. Esta obra se fue constituyendo en el himno que le otorgó identidad propia a este espacio de la ciudad. 

 

El fondo musical es "la Calle Angosta"

   

 

        VOLVER